255. LOS ADJULÉ
JACKING:
Amet me observó, con la misma duda que sentía dentro de mí. Dio un paso hacia las paredes de la cueva, deslizando sus garras suavemente por las marcas grabadas en la piedra. Era evidente que aquí había algo más que simples refugios.
—Sí, mi príncipe, somos nosotros —responde Tefen—, somos una pequeña comunidad nómada.
—Tefen, lo recuerdo ahora. Ponte de pie. Ya no estamos en el Sahara, ni en Egipto. Han pasado muchos años desde eso —le explico con serenidad—. Ahora están conmigo, q