Mundo ficciónIniciar sesiónCuando nos dirigimos a nuestra casa, vemos a Teka que viene con las niñas. Antonieta, otra vez, está llorando. Amet corre, la abraza y la besa.
—¿Por qué lloras, cariño? —preguntó con ternura. —Es que pensé que te habías ido tú también —contestó entre sollozos. —No, cariño —se apresuró a decir Amet—. Fui a trabajar un momento.






