86. SOLO UNA NOCHE DE CITA
RHETT
Saqué mis dedos y hundí la lengua en la miel de sus pliegues, bebiendo de su orgasmo, saboreando sus jugos que resbalaban por mis comisuras y calentaban mi boca.
Adoraba su sabor, la manera en la que me entregaba todo, desde la primera vez… y yo no supe apreciarlo.
Moví la boca y le besé el coño con ganas, con ansias locas de que fuera mi polla la que le hubiese provocado esta corrida deliciosa.
Pero mi miembro seguía de castigo, metido dentro de mis pantalones, y ahí seguiría con todo el