61. PERSEGUIDA POR EL LOBO FEROZ
BLAIR
Dante parecía decirme: no soy tonto Blair, no me vas a engañar, dame lo que me debes…
—Es mejor… si me inclino sobre la cama…
Ya no sabía ni qué mierd4 decía, pero cuando me fui a separar de él apresó entre sus dientes una de las solapas abiertas de la camisa, frunciendo el morro.
Regañándome, eso era seguro.
—Solo voy… voy a inclinarme, eres muy grande, es difícil para mí…
Susurré con las gotas de sudor bajándome por la espalda, pero me había logrado poner de pie al lado de la cama.