Lucía acomodó su bolso en su consultorio, se dirigió a abrir las persianas y sonrió al sentir que ingresaba la luz del sol. Tomó asiento sobre su silla de cuero y recargó su cabeza sobre el respaldo, aún podía sentir los fuertes latidos de su corazón, ante lo ocurrido con Henry.
—Estoy completamente hechizada ante tus encantos —refirió—, debiste lanzarme alguna clase de embrujo, porque no soy una mujer que cede con facilidad, pero cuando estoy frente a ti todo cambia. — Suspiró profundo.
—Perdó