CAPÍTULO 27. DÉJALA TRANQUILA
—Mamá —Ivy susurró, al verla recostada—. Es hora de irnos, te están esperando en la sala.
Camila abrió su acuosa mirada y parpadeó en un par de ocasiones.
—Lo lamento tanto, cariño, pero no me siento bien —susurró.
— ¿Qué te duele? —indagó.
«Me duele el alma, me siento impotente de estar atrapada en la red de esa maldit@ mujer, que dice ser tu verdadera madre; quisiera sujetarla de los cabellos y arrastrarla por todas partes», gritó en su interior.
Sacudió su rostro y volvió al aquí y ahora.