CAPÍTULO 23. UNA SONRISA FINGIDA
Momentos más tarde, Kate se fue a guardar todas sus cosas, llamó a Linda, para que le ayudara a acomodar su ropa, mientras ella se metía a ducharse.
—Mañana que es sábado, ¿que acostumbran hacer en casa? —indagó Kate, en cuanto salió del baño.
—Se la pasan en el jardín —contestó la mujer—, el señor William entra a la piscina con la niña, le está enseñando a nadar.
— ¿Y la mujer esa? —indagó. — ¿No se mete al agua con ellos? cuestionó con curiosidad.
—No, nunca la he visto que lo haga.
— ¿Qué ha