CAPÍTULO 21. YO SOY TU MAMÁ
William la sujetó entre la calidez de sus brazos y la llevó a la cama, se sentó a su lado y la cubrió con una frazada.
—Intenta descansar. —Tomó un pañuelo desechable y limpió sus mejillas.
—No creo poder hacerlo. —Observó el retrato que había en la mesa de noche, donde estaban Ivy y ella abrazadas—, no puedo dejar de tener miedo —manifestó. — ¿Y si me meten a la cárcel y nunca la vuelvo a ver?
Una amarga sensación sobrecogió a William, la sola idea de imaginarla presa lo aterró.
—Eso no va