Se cortó la luz a las once y cuarenta y dos de la noche, con la discreción característica de las interrupciones eléctricas que no tienen la cortesía de anunciarse.
Valentina estaba en el baño del penthouse, con el cabello mojado y una toalla enrollada con la precisión geométrica que aplicaba a todas las cosas, cuando el mundo se volvió completamente negro. No dijo nada durante tres segundos. Andrés, que seguía en la sala revisando los anexos del contrato que había leído cuatro veces ese día, ta