Cuando volvimos al dormitorio, Cristofer seco con suavidad mi cuerpo, haciéndome disfrutar de sus besos y de sus caricias, ayudandome después a ponerme la lencería y el camisón, abriendo la ropa de la cama para que me tumbara, cogiendome antes de mi brazo poniendome frente a él
— ¿Te he hecho mucho daño? — me pregunto, haciéndome reír, al ver el semblante de su cara
— Si y me lo voy a cobrar con el anillo más caro que encuentre en una joyería — le dije sin dejar de reir
— ¿Sabes una cosa Noelia