(11) Niña terca.
El reloj del microondas marcaba las 11:40 de la noche, subí mis piernas a la silla y las abracé contra mi pecho mientras observaba la pasta que había servido, ya fría.
Costas no había vuelto y por alguna razón me sentía nerviosa.
Me levanté finalmente cuando dieron las doce y apagué las luces de la casa, dejando solo la de la cocina encendida. Clavé la mirada en la puerta a la espera.
Él debía volver, debía estar en casa...
Los rayos del sol golpearon mi rostro y aunque intenté volver a d