Capítulo 32

Serví la lasaña rozando por poco la agresividad. Mi mandíbula dolía de tanto que rechinaba los dientes. En serio traté de repetirme mentalmente: No seas esa mujer, Isabela. Procura canalizar tu rabia, eres buena en eso.

No funcionaba.

—Está riquísimo, Isa — expresó Lucía completamente ajena a mi furia interna.

—Gracias, cielo. —Forcé una sonrisa que debió parecer una mueca extraña.

Alejandro comía tranquilamente a mi lado, intentó
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