38. “La visita”
—Lo siento, lo siento —repite el hombre con notoria pena, haciendo un ademán con sus manos mientras que una mueca se forma en su rostro—, no quise importunarlos, con su permiso —farfulle al bajar la mirada para luego comenzar a alejarse de ahí.
Me quedo perpleja, dedicándome a ver la forma en que aquel hombre camina de prisa, al parecer, con una gran necesidad de poner distancia entre ambos. Trago saliva con fuerza, mientras aprieto a Milú a mi pecho.
Joder… ¿aquel era el esposo de la chica que