45. “Reunión madre e hijas”
Layla
Apoyo mi cabeza contra la pared, cierro los ojos y dejo salir un lento suspiro cargado de pesadez.
Mi viaje a Japón me había ayudado para llenarme de paz, pasé algunos días con unos monjes, los cuales me enseñaron a encontrar mi paz interior, con ellos aprendí perdonar y cómo pedir perdón. Quería arreglar mi vida, y, al hacerlo, debía de comenzar con pedir perdón.
Sabía que Ximena no tenía culpa alguna de todo lo que había pasado, el único culpable de ello, al final había sido el abuelo,