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Es sábado por la mañana, pero yo vuelvo a estar en el despacho. Por algún motivo, esta mañana necesitaba trabajar, y liberar mi mente de pensamientos indeseados. Como los que recorren mi cuerpo cuando me duermo, y soy capaz de recrear en mis sueños cada caricia de Piero, cada vez que su lengua y la mia se han abrazado en un juego en el que ninguno de los dos perdía, cada embestida contra mi feminidad, cada vez que me he retorc







