Honorato estaba feliz con el resultado tan satisfactorio de su labor de desprestigio. Claro que él sabía, o sospechaba quién era la esposa de su nieto, y eso era lo que más le había molestado desde el inicio.
Anastasia por fin había llegado a verlo. Al ingresar a la habitación fue testigo de una escena bastante bizarra. Ana Miller daba de comer al abuelo en la boca, como si fuera un bebé. El anciano tenía el rostro pálido, un semblante decaído y se veía, verdaderamente, moribundo, como si le que