En el hospital.
Hernán se enfrentaba al abismo más aterrador que había conocido: el miedo real a morir.
Sentado en el consultorio, con las manos temblorosas sobre su regazo, escuchaba con atención cada palabra del médico. Azul estaba a su lado, su rostro tenso, pero sus ojos mantenían esa fuerza que tanto lo sostenía.
—Tienes suerte de que el tumor esté encapsulado —dijo finalmente el doctor, observando los estudios con atención—. Sin embargo, la operación es muy delicada. De ser exitosa, tendrá