Punto de vista de Theo
La noche todavía estaba llena de olor a sangre cuando regresé a casa. Mis manos estaban limpias, había lavado la evidencia, pero mi mente todavía estaba pintada de rojo con el recuerdo del hombre de Diego jadeando su último aliento debajo de mi bota.
Él había sido un mensaje. Una advertencia. Un recordatorio de que nadie podría desafiarme y salir ileso.
Sin embargo, cuando entré en la finca, no sentí satisfacción. No hay prisa de poder. Solo un vacío que roía mis entrañas