La puerta de la oficina de Noah se abrió de golpe de pronto, llenando con un fuerte ruido la antes silenciosa oficina de la clínica privada, y Nia entró a paso rápido, sus tacones resonando en el suelo de madera pulida, con su madre detrás siguiéndola muy de cerca, las dos con expresiones llenas de angustia, o quizás de miedo por haber sido descubiertas con las manos en la masa.
Habían llegado bastante rápido a la clínica desde la mansión, más rápido de lo que Teo había estado esperando de el