Amaya Bezos.
Como un torbellino, un tornado, entre en plena furia a aquel lugar. Perdí totalmente los estribos y solo me deje llevar por la rabia; canalizando lo peor de mi. Había pasado demasiado tiempo contenida, reservada, fingiendo la perfección propia de una escultura de Miguel Ángel. En ese momento saqué todo lo que me había callado, toda la energía y la frustración que había guardado, ocultándola en mi interior. El alcohol fue un perfecto acicate para impulsar mi ira, para darme el