Amaya Bezos
El tercer piso se aquella casa en las afueras de Cambridge fue testigo de mi desgracia. De mi dolor más profundo, del hecho más cruel que se puede perpetrar contra una mujer.
Tan pronto llegó Marcelo, no hubo preámbulos ni distracciones. No tuve conversaciones previas, tampoco regaños, no se desnudó, no respeto las pautas y las costumbres que él mismo había marcado durante el último año.
Esta vez no era un dominante en busca de un castigo para su sumisa. Su intención no era inte