Capítulo Doce

Roy Philips.

Salgo de aquella habitación con la moral por el piso. Que maldita estupidez acababa de cometer.

Aquella bruja bendita de cuerpo de infarto y cara de Ninfa me había tendido una trampa a la que no pude resistirme. Ella se sabia ganadora desde que empezó con esto.

Su objetivo desde que me besó fue echarme de aquí, que yo perdiera mi empleo.

Y... ahí va el Roy de menso en caer en sus garras.

—¿Pero qué pensaste mijo?— me pregunto a mi mismo mientras abro la puerta de mi vieja camioneta
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