Amaya Bezos
Acostada en mi cama con los pies apoyados en uno de los postes que la conformaban, hice un repaso mental de lo que acababa de ocurrir. Había sido más de lo que esperaba que pudiera ser el sexo. Mucho, pero mucho más. ¿Cómo un joven tan aparentemente correcto es capaz de tanto?. ¡Por Dios! Él no debe tener más de veinticinco años, y es un absoluto experto en darle placer a una mujer. ¿En qué escuela enseñan las cosas qué él sabe? Nuevamente me embargan los celos posesivos liados con l