Jenna solo sonrió, decidida a darle a su mejor amiga el paseo de su vida. Movió las caderas más rápido, yendo más profundo, sintiendo las paredes resbaladizas de Tina temblar y apretarse.
Sus pechos se frotaban con cada embestida, con los pezones deslizándose deliciosamente uno contra el otro. Jenna se inclinó para un beso desordenado, todo lengua y dientes mientras las dos corrían hacia un clímax explosivo.
Los gemidos de Tina se volvieron más fuertes, más desesperados.
—Voy a… ¡voy a co