Era la primera noche del segundo año de Tina, y todo en la residencia se sentía nuevo otra vez. No nuevo de verdad, como cuando se mudó por primera vez como freshman, sino como si alguien hubiera tomado su vida anterior, la hubiera sacudido un poco y la hubiera abierto con colores más brillantes. Los pasillos olían a ambientador barato y a emoción. En algún lugar del corredor, alguien ya tenía música puesta: el bajo tan constante que hacía vibrar el suelo bajo sus pies.
Sus nuevas compañeras