Oscuros. Profundos. Pesados. Se clavaron en los míos en el segundo en que se giró hacia mí, y sentí que no podía moverme, que no podía apartar la mirada. Había algo en ellos que no podía leer: algo afilado y evaluador, pero también calmado, como si ya me hubiera descifrado antes de que yo pronunciara una sola palabra.
Nos quedamos mirándonos durante lo que pareció demasiado tiempo.
No era un silencio normal. Era más pesado, como si el aire de la habitación se hubiera espesado y calentado de alg