Me quedé mirando el teléfono como si acabara de abofetearme en la cara. La pantalla se iluminó de nuevo y ahí estaba: el nombre de Jake. Ni siquiera me molesté en leer el resto de la notificación. Ya sabía lo que decía. Probablemente algo patético como “Lo siento” o “Déjame explicarte” o alguna otra basura que él creía que arreglaría mágicamente el hecho de que acababa de pillarlo con otra chica.
Apreté la mandíbula y pulsé el botón rojo de rechazar con más fuerza de la necesaria. Debería haber