Cambié de marcha, mis dedos firmes aunque las manos me temblaban. Los neumáticos soltaron un suave chirrido cuando avancé, el garaje tragándose el sonido mientras las puertas de la mansión comenzaban a abrirse.
Y allí estaba: la ciudad. El skyline brillante se extendía en la distancia, centelleando contra el terciopelo oscuro del cielo nocturno. Se veía vivo, salvaje y libre, como si me estuviera llamando. Se me levantó el pecho mientras presionaba más fuerte el acelerador, saliendo a toda velo