Punto de vista de Elena
La mañana después del armario entré en la oficina con la cabeza alta y el pulso acelerado. Ethan ya estaba en su escritorio afuera de mi puerta, tecleando como si el mundo no se hubiera dado vuelta la noche anterior. Levantó la vista, me lanzó esa sonrisa malvada y dijo:
—El café está listo, Elena.
Igual que siempre. Pero sus ojos gritaban recuerdos de mi boca sobre él.
Tomé la taza, los dedos rozando los suyos a propósito esta vez.
—Sala de juntas en diez. Trae