Punto de vista de Elena
El lunes llegó pegando fuerte.
¡Pum! Directo a la cara.
Después de ese beso del viernes —caliente, imprudente, cortado por mi propio pánico estúpido—, Ethan entró en la oficina como si no hubiéramos estado a punto de incendiar el edificio con nuestras bocas. Sonrisa fresca. Pelo perfecto. Café en la mano.
—Buenos días, Elena —dijo con una sonrisa que lo hacía verse realmente impactante.
Mi coño latió debajo de mí.
Quise agarrarlo de la corbata, empujarlo a mi o