Capítulo 11: Vínculos Inquebrantables.
Los días pasaron despacio y Helena empezó a perder la noción del tiempo. La mansión ya no le impresionaba; ahora solo le parecía un lugar frío e incómodo. Las mismas alfombras, el mismo olor a cera para muebles y el mismo silencio que llenaba su habitación.
No tenía con quién hablar. Y eso, más que tristeza, empezaba a convertirse en un aburrimiento desesperante.
Cuando se cruzaba con las empleadas en los pasillos, la incomodidad era evidente. Ellas evitaban acercarse, limitándose a bajar la mi