98. No es de los malos
Alaric
Salimos de la cabaña cuando el sol apenas empieza a elevarse entre los árboles, dejando atrás a los hombres que ordené quedarse ocultos allí para vigilar cualquier movimiento. El aire del bosque es frío y húmedo, pero no siento nada de eso. Todo mi mundo se reduce al rastro que intento seguir. El aroma de Lira sigue presente en mi mente como un mapa invisible que solo yo puedo percibir, una cuerda tensa que me arrastra hacia adelante sin permitirme detenerme.
Avanzamos hacia el norte ent