68. Que se joda el mundo
Lyra
La puerta se cierra detrás de nosotros con un sonido sordo, definitivo, como si el mundo exterior quedara al otro lado de una barrera invisible. El silencio de la habitación me golpea de inmediato, pesado, extraño después del ruido de la fiesta, de las miradas, de la tensión que todavía siento pegada a la piel.
Doy un paso… luego otro… y finalmente dejo escapar un suspiro largo, agotado, como si mi cuerpo hubiera estado conteniendo la respiración durante horas.
Me recuesto contra la pared,