32. Ya lo descubrirás
Lyra
El sonido de las telas al doblarse me pone más nerviosa que el silencio.
Las doncellas se mueven por la habitación con una eficiencia casi mecánica, levantando mis pocas pertenencias, separando vestidos, camisas, zapatos. Todo ocurre demasiado rápido, como si alguien temiera que, si se detienen demasiado, yo pudiera desaparecer o—peor—preguntar algo que no debería.
No es la primera vez que empaco mi vida en silencio.
Pero esta vez es distinto.
Esta vez no es destierro.
Es reubicación.
Y es