33. No te atrevas a desobdecer
Lyra
La nota aparece antes de que las doncellas entren a despertarme.
Eso, por sí solo, ya me pone tensa.
Está sobre la mesita, perfectamente doblada, como si hubiera estado ahí desde siempre. Nadie entra a mi habitación sin permiso. Nadie debería. Me quedo mirándola durante varios segundos, con una sensación incómoda en el estómago, como si el papel me estuviera observando a mí y no al revés.
La tomo con cuidado y la abro.
La letra es firme. Dura. Impaciente.
Te espero en la entrada del bosque