25. ¿De qué mujer hablas?
Lyra
Regreso a mi habitación escoltada por dos guardias armados.
No me tocan, no me hablan, pero su sola presencia me pesa en la nuca como una advertencia constante. Cada vez que doblamos un pasillo, mi cuerpo se tensa, esperando que alguien salga de las sombras, que vuelvan a atraparme, que otra mano me arrastre lejos.
Aunque el palacio parece haber vuelto a la calma, yo no lo estoy. Las antorchas arden con normalidad. Las paredes ya no tiemblan. No hay gritos. Y aun así, siento que el peligro