Chelsea estaba sentada frente al espejo mientras su madre le colocaba la última joya alrededor del cuello.
-Estás preciosa -susurró Linda.
-¡Melinda! -se oyó la voz de Ronald desde abajo-. Váyanse ya. Los alcanzaré en el lugar de la ceremonia.
-Ve yendo, mamá -dijo Chelsea-. Solo dame un momento. Necesito unos segundos a solas.
Linda dudó un instante antes de asentir.
-Está bien. Pero no tardes mucho, tu padre se va a enfadar.
Dicho esto, salió de la habitación.
En cuanto la puerta se cerró, Ch