Lucian yacía en la cama del hospital, con las manos entre las de Mirabel. Ella lo miraba fijamente, con ojos llenos de admiración y agotamiento, mientras acariciaba suavemente sus dedos, deseando que despertara.
De pronto, su teléfono sonó, rompiendo el silencio. Miró la pantalla... era su madre. Con un pequeño suspiro, lo apagó. Su madre solo llamaba cuando necesitaba dinero. ¿Pero a las 12 de la madrugada? Eso era extraño.
El teléfono volvió a sonar. Y otra vez.
Mirabel dudó, pero finalmente