—Hoy te voy a enseñar una lección —dijeron los dos hombres mientras se remangaban las mangas, listos para enfrentarse a Juan. En ese momento, el dueño mostraba una expresión de malicia y satisfacción en sus ojos.
Xavier, de buen corazón, intervino: —Déjalo, es demasiado joven. Puede corregirse en el futuro.
Valeria, por otro lado, frunció el ceño y comentó con desdén: —Esos tipos merecen una paliza de todos modos.
En ese instante, Juan exclamó de repente: —¡Espera un momento!
Los dos hombres mus