En otra área de la oficina, María también estaba calculando los sueldos.
A diferencia de Osvaldo, ella no solía retener ni un céntimo del salario de los empleados.
Al ver el nombre de Julio, María frunció con seriedad el ceño.
—Mi hermano ni siquiera viene a trabajar todos los días, y yo siempre le estoy haciendo el salario. Esto realmente no es justo para la empresa, es un problema, —, pensó María, algo preocupada.
Justo en ese momento, una voz muy emocionada interrumpió: —Oye, hoy es día de