Aunque su madre la trataba de esa manera, Elena contuvo las ganas de llorar y dijo con la voz entrecortada: —No te preocupes, mamá, seguiré al pie de la letra tu concejo y no me enamoraré.
—Yo también puedo ganar mucho dinero por mí misma para ti y para mantener a mi hermano.
—No te preocupes por favor más.
Al otro lado del teléfono, la madre de Elena le respondió con desdén: —¿Cuánto dinero puede acaso ganar una mujer? Durante tantos años, solo me has enviado una miserable suma de dinero de alg