Lidia, quien había sufrido una derrota, subió las escaleras con la cara hinchada de rabia.
Viéndola así, Lucía se apresuró rápidamente a seguirla. Ella conocía muy bien a Lidia, sabía que no era alguien que se quedara callada después de perder.
Si no acababa llorando por lo que Juan le hizo, ya esto era un buen resultado.
Mientras subían las escaleras, Lucía lanzó una mirada fulminante a Juan.
Juan, sin más opción, se frotó la nariz. Realmente no era su culpa, ¿verdad?
En la habitación del se