Capítulo 30
Pronto, Celia detuvo el auto frente a una majestuosa villa.

Ambos se acercaron a la puerta de la mansión, donde dos fornidos guardias musculosos emanaban una aura intimidante.

Si fuera una persona común, solo estar de pie frente a estos dos hombres de negro sería suficiente para debilitar las piernas.

Los hombres de negro mostraron respeto al ver a Celia. —Celia, has regresado.

Celia asintió suavemente. —Sí, he traído a un médico para que vea al viejo.

Los dos hombres miraron a Juan con sorpresa
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