Capítulo 98.
El clamor de la gente fuera del templo crecía conforme Edwin caminaba conmigo en brazos por los pasillos.
Apreté ligeramente la tela de su hombro. Le había pedido que se pusiera su uniforme con normalidad porque no era necesario que me "complaciera".
—¿Llegaremos a tiempo? —susurré.
—Sí, su santidad. A los traidores del templo no se les concede una muerte rápida —dijo con tono solemne.
Un escalofrío me recorrió de arriba abajo.
No pregunté más.
Cuando llegamos a la puerta principal, la luz me g