Capítulo 97.

—He estado entrenando duramente durante los últimos cinco días de su convalecencia, santidad —continuó Edwin, completamente serio—. Si me permite seguir trabajando en mi cuerpo durante el siguiente mes, estoy seguro de que tendré los músculos necesarios que puedan complacerla.

Me cubrí el rostro con ambas manos.

—Pensé que estaba muriendo… —murmuré—. Tenía derecho a un par de fantasías sobre…

Me detuve. Mi vergüenza fue dejada momentáneamente de lado.

Algo no encajaba.

Bajé las manos lent
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