Capítulo 42.

Miré rápido hacia la puerta.

Él comenzó a despedazar los papeles sobre su escritorio.

—No dormí —corte— haciendo… —corte, corte— los nuevos jodidos presupuestos… —eso ya era confeti— y ahora…

Di dos pasos más hacia la puerta, solo por si acaso.

Cuando terminó de sacar su enojo con los papeles y comenzó a inhalar y exhalar con fuerza, me atreví a hablar otra vez:

—Lo siento.

Giró la cabeza hacia mí y estrechó los ojos.

—No. Lo. Sientas —gruñó—. ¡Deja de gastar el maldito oro que no tengo!

—¡No l
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