Allí estaba, unos minutos después, caminando junto a un hombre al que apenas había conocido unas horas antes. El ligero frío del aire ruso le susurraba en la piel, elevando el aire. Sabía que el hotel era precioso, pero era aún mejor desde fuera. No se había fijado en el reluciente camino de piedra al entrar. Quizás estaba muy cansada o Damian la asustaba tanto que no se atrevía a admirar el paisaje.
Sentía su mirada ardiente en la coronilla, pero mantenía la vista fija en cómo sus pies lamían