El zumbido sordo del aire acondicionado del coche llenaba el ambiente, sirviendo de fondo a los pensamientos convulsos de Sofía. Su mirada estaba fija en las dos figuras que conversaban afuera. Permanecía rígida en el coche, con las uñas clavándose en la piel del muslo.
Damián estaba de pie frente a Vsev, impidiéndole ver su rostro. Hablaba con la misma voz autoritaria que siempre hacía que la gente obedeciera sus órdenes. No podía escuchar con claridad, pero sí fragmentos de su conversación.
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