Una hora después estaban todos reunidos en el comedor. Sofía se sentó en silencio en el borde de su silla,con las manos presionadas con fuerza sobre la mesa. El médico particular de Damián acababa de irse hacía unos minutos y nadie se había molestado en decir nada. El silencio que envolvió la habitación se sintió como un gran peso apretado contra su pecho.
Damian se paró detrás de su silla provocando que el vello de la nuca se le levantara. Él miró fijamente la parte posterior de su cabeza sin