Desperté envuelta en los fuertes brazos de mi compañero.
Él está acostado detrás de mí, mi espalda contra su pecho, con una mano sobre mi vientre. Me siento tan descansada. Podría pasarme todo el día en la cama así.
—Buenos días —susurré, acariciando suavemente su antebrazo, y luego le di un beso.
Espero que gima somnoliento, pero en lugar de eso habla con una voz totalmente despierta.
—Buenos días, Luna —inhala el aroma de mi cabello y luego muerde apasionadamente mi cuello.
Me recorren escalo